La despedida de Robert Lewandowski es de esas que nunca apetecen, pero que suceden inevitablemente como parte de la vida y de esos ciclos que están llamados a tener un inicio y un final. Lo más admirable del bueno de Robert es que lo entendió todo. Vino cuando más se le necesitaba, hizo grande al Barça, lo devolvió donde se merecía y se marchó cuando creyó haber finalizado su trabajo. No era nada fácil apostar por un Barça en decadencia, endeudado y sin la certeza de poder competir al primer nivel. El ariete de Varsovia dejó un Bayern en el que se había vaciado -ganó todo lo habido y por haber- y devolvió la alegría en Can Barça cruzando sus dos puños. Si recordamos la sonrisa de Ronaldinho en 2003, también se nos quedará grabado que disfrutamos de los últimos cartuchos de uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol y uno de los mejores fichajes de las últimas décadas. 120 goles y 22 asistencias en 193 partidos. No es para menos.

El bueno de Robert completó una misión tan desapercibida como trascendente. Y es que hizo de padre de toda una generación de jóvenes que auguran un futuro esplendoroso. Y si esa semilla está dando sus frutos, en parte, el polaco tiene algo de culpa (junto a los entrenadores que también han brindado esas oportunidades). La figura del referente en un vestuario tan joven ha servido como espejo para jugadores como Gavi. El de Los Palacios acogió al polaco como un hermano mayor y a cambio Lewandowski devolvió su confianza con un rendimiento sensacional. De ahí a que luego se viera esa complicidad sobre el verde. Su mentalidad ganadora sirvió para reanimar las aspiraciones de un club que lo había pasado muy mal por Europa y que, pese haberse quedado con la miel en los labios, ya sabe lo que es acercarse a una final continental y tener la sensación de que la puedes llegar a ganar. Imprimir esa seña de identidad también es otro de los logros de Robert. No olvidaremos sus goles, pero tampoco los abrazos, sus celebraciones ni esa rúa en la que se despidió de toda una ciudad. Te echaremos de menos, Robert. Has sido, eres y serás una leyenda. Historia del Barça. Siempre te estaremos agradecidos. Gràcies Lewy!

Foto, vía club: FC Barcelona