El barcelonismo necesitaba una noche como esta. Con esa ilusión por hacer de lo imposible lo posible, con el empuje de su gente y con una animación a la altura del escenario. Todo empezó en la previa. A más de una hora para el inicio del encuentro, la calle Arizala, en la que los grupos de animación habían convocado a la afición para recibir al equipo, ya estaba a rebosar. La llegada del bus del Barça fue impresionante y ese ambiente también se trasladó dentro del campo instantes después. No pudo ser finalmente. Estuvo muy cerca. Un único gol separó la prórroga del billete a la Cartuja, que acabó por llevarse el Atlético de Madrid. Las tuvo Ferran, inclusive Gerard Martín. Nos acordamos de Robert Lewandowski y no es para menos. Pero el orgullo fue inmenso. La imagen de la noche fue al finalizar el encuentro: jugadores y afición en pie aplaudiendo el esfuerzo encomiable de un equipo que perseveró hasta el final. Se lo dejaron todo. Solamente hay que recordar a Pedri fundido y diciéndole a Flick que no le cambiara, aunque su cuerpo no dijera lo mismo. Raphinha se quedó varios minutos sobre el césped aplaudiendo desconsolado, pero a la vez convencido de que más pronto que tarde devolverán las alegrías a la ‘culerada’. El equipo de Diego Pablo Simeone no salió prácticamente de su campo en toda la primera parte; generó algún susto en la segunda y le valió con el partidazo de la ida. El encuentro tuvo como percances las lesiones de Jules Kounde y Alejandro Balde. Dos jugadores que se perderán semanas importantes y un Hansi Flick que tendrá que apurar sus opciones en defensa. Pero para defensores, el partidazo de don Pau Cubarsí. Tendrá 19 años, pero la exhibición que dio está a la altura de esos jugadores que con el tiempo hacen historia en el club. Junto a él, un Gerard Martín seguro y contundente, que cumplió con la sensible baja de Eric Garcia; y un Cancelo que, cuando parecía llegar el ocaso de su carrera, demostró lo contrario. Sin duda, lo que más ilusiona es ver cómo el Barça ha conseguido consolidar a jugadores tan importantes en cada línea. Ver triunfar a tres chavales como: Cubarsí, Bernal y Lamine formados en casa es el mejor marketing que se puede hacer. Fue el propio Bernal quien abrió la lata y nos hizo creer hasta el final con ese doblete. Y fue Lamine quien nos recordó que en el fútbol, al igual que en la vida, lo más importante es disfrutar y ser feliz. No se habrá pasado a la final, pero que no nos quepa la duda de que, jugando así, este equipo va a dar muchísimas alegrías.

Foto, vía club: FC Barcelona