El destino. El destino es aquello que, aunque no se pueda explicar con palabras, está condenado a suceder. Ya sea por inercia o por intuición, está claro que algo va a pasar. Pero el destino va más allá del “qué”. El destino no se olvida ni de “quiénes”, ni de “cuándo”, ni de “cómo”, ni mucho menos, en este caso, de “por qué”. Y es que el Barça ha vuelto a hacerlo. El Barça ha vuelto a marcar el camino. El Barça ha vuelto a mover el mundo en una final de Champions siendo superiores a su nemésis. ¿Por qué? Porque se lo han ganado. Porque sí, chicas. ‘Oslo’ habéis ganado.
En este caso, la cantidad tiene un valor muy importante en la definición del destino. Porque en la cuarta final contra el Olympique de Lyon, cuatro goles fueron suficientes para conseguir el cuarto título de la temporada y la cuarta Champions de la historia en Oslo, una ciudad con, sorpresa, cuatro letras en su nombre. Y es que, aunque las jugadoras quieran dejarnos las teorías numéricas a nosotros, ellas saben muy bien lo que hacen, ¿verdad, Cata?
El destino también tiene musicalidad. La banda sonora de las sensaciones es esencial. Y en esta ocasión, tampoco hubo ninguna excepción. Desde el remix de ‘CAFé CON RON’ y ‘SAOKO’, hasta el ‘Seven Nation Army’ y el ‘Freed From Desire’ sonando de fondo en el autobús de camino a Oslo. Y es que Alexia tenía razón. Todo pasa por algo. Y ese algo, se llama destino.
El alumno superó al maestro
El simbolismo también forma parte del destino. Un FC Barcelona – OL Lyonnes va más allá de un simple partido de fútbol. Es el clásico por excelencia del fútbol femenino. Rostros más que conocidos en ambos bandos. Sin embargo, esta vez el destino quiso que los reencuentros protagonizasen la final. En un escenario tan especial como Oslo para dos leyendas como Caroline Graham y Ada Hegerberg, Ingrid Engen también entraba en la ecuación, al igual que Jonatan Giráldez. Esta vez, desde el banquillo contrario.
El maestro regresaba para examinar a sus discípulas y a quién fue su mano derecha. Pero lo que Jonatan no se esperaba, es que su alumno más aventajado le adelantase por la izquierda. El paso del tiempo le dio la razón a un Pere Romeu que, mientras se movía en silencio, ya tachaba logros y planeaba dos nuevos. Mientras Jonatan Giráldez cuidaba hasta el más mínimo detalle, Pere Romeu ya tenía contempladas todas las posibilidades. La clave del éxito para Alexia siempre ha sido mantener el hambre competitivo, pese al paso de los años y de las jugadoras. Sin embargo, Pere Romeu ha conseguido algo que Jonatan Giráldez nunca pudo: formar una família unida.

El vínculo con el vestuario va más allá de lo profesional y lo deportivo. La figura de Pere Romeu ha conseguido que no se hable de cambio, sino de evolución. Un nivel de madurez futbolística inaudita, dada la media de edad de unas jugadoras que han podido acceder a las herramientas necesarias para desarrollar un renovado gen competitivo. A base de práctica, a base de sangre y fe. Estar en tantas que celebrar forme parte de la rutina. Estar en tantas que no se pueda considerar suerte el hecho de volver y hacer la quest de nuevo.
“El dinero no puede comprar nada de esto.”
El talento no se paga, se potencia. La familia no se compra, se forma. El ejemplo perfecto es Cata Coll. Siempre presente en los escenarios más exigentes, anoche no falló a su cita con el humo. Adicta a la marcha, al mambo y al morbo, la meta mallorquina firmó la actuación más legendaria de una portera en la historia de las finales. Porque Cata sin emociones fuertes no sería Cata. Por qué vivir lejos del peligro, cuándo puedes vivir inmersa en él.

La mano mágica ante el mazazo de Renard provocó el fuera de juego de Heaps, en un gol que enfrió al Ullevaal Stadion y que, tras la intervención del VAR, reanimó a un Barça al borde del KO. La meta mallorquina voló para desviar un libre directo de Bacha ajustado a la escuadra, en una intervención que hubiera enorgullecido a su ídolo, el mítico Dudu Aouate. La cortina de humo que crearon sus intervenciones se expandió y la ‘fumada’ al OL Lyonnes no acabó ahí. Cata aguantó los pulsos ante Ada Hegerberg y Chawinga, que se empequeñecieron ante la grandeza de la guardameta. Una grandeza que, en este caso, tampoco se puede comprar con dinero.
A la sexta va la vencida
“Por la mañana, café. Por la tarde, ron. Conducción y pase. Gol de Ewa Pajor». No existen pruebas, pero tampoco dudas de que algo por el estilo daría vueltas por la mente de Patri Guijarro mientras cruzaba sin oposición el centro del campo del Olympique de Lyon. Y al levantar la cabeza, vio a Ewa Pajor. Una Ewa Pajor cansada de perdonar en un escenario que nunca fue justo con ella. Un objetivo que la derrota convirtió en obsesión, pero que la frustración nunca llegó a convertir en purgatorio.

El hambre de gol y la sed de victoria de la polaca, puestos a prueba en el partido más importante y, a la vez, menos justo de la temporada. Con la portería entre ceja y ceja antes de pensar en la copa, a la tercera fue la vencida para disparar un cañón cruzado al palo largo de Endler, y para poner punto y final a una maldición que la persiguió durante cinco finales. Pero el fútbol no le debía a Ewa Pajor una única revancha. Su arco de redención desbloqueó un nuevo nivel con su segundo gol. Porque no fue ni a la primera, ni a la segunda. Al final, a la sexta fue la vencida.
De la resiliencia al éxtasis
Resiliencia en su máxima expresión. No derrumbarse cuando la presión te aplasta contra el suelo y no agrandarse cuando las críticas se convierten en aplausos. Porque el fútbol no tiene paciencia, pero tampoco memoria. En 2023, todos vieron que Salma Paralluelo voló, pero no que lo hizo con un ala rota. Y durante las últimas temporadas, el ruido parecía haber anulado la voluntad de una Salma que no conseguía romper las cadenas de su libertad.

Y en una temporada en la que las dudas alrededor de su futuro aún persisten, con un cambio de posición de por medio, Salma ha acabado bloqueando el ruido para alzar la voz cuando el equipo más la necesitaba. Con menos de diez minutos por delante, un 2 – 0 ante el OL Lyonnes no le pareció suficiente y desató una locura desenfrenada nunca antes vista entre miles de particulas de polen. Dos zarpazos consecutivos en el tiempo de descuento que hicieron saltar por los aires al Ullevaal Stadion. Dos zarpazos para confirmar que la pantera vuelve a rugir más fuerte que nunca.
El último baile
Y es que, mientras una esté viva, una siempre debe amar lo más que pueda. Y anoche, el corazón de Alexia Putellas latió como nunca antes lo había hecho. Y es que, cuando Alexia ama, ama de verdad. La intensidad en su mirada, la intencionalidad en sus acciones, la voluntad de hacer mejor a sus compañeras y un deseo más que palpable de darlo todo por este escudo. Este mismo escudo, que la protegió cuando usó el pecho para parar aquel disparo.
Porque La Reina pondría su corona en juego por una y cada una de ellas. Y eso es algo que no se puede fingir. Al igual que sus lágrimas al ser sustituida por Kika Nazareth, al deshacerse en elogios de sus compañeras y al darse cuenta que, muy probablemente, acababa de librar su última gran batalla defendiendo estos colores. Y es que, si este ha sido el último baile de Alexia Putellas con el Barça, no solo habremos sido unos afortunados de haber podido asistir a él, sino que además habrá valido la pena cada segundo de él. Y esto, señoras y señores, también forma parte del destino.
