14 temporadas después, la historia llega al punto y final. Un círculo completo. Una historia perfecta. Alexia Putellas dice adiós al club de su vida después de vaciar su alma y entregar su corazón durante una de las etapas más exitosas de la historia. La Reina ha cumplido con la misión de elevar al FC Barcelona y al fútbol femenino a la cima del mundo. Un deporte en el cual pasó de desconocida a icono, y de promesa a leyenda, a base de esfuerzo y obsesión diarias en busca de una mejora constante, que la llevó a colocar dos joyas sobre su corona. Una corona que pesa su valor en oro, pero también en sangre, sudor y lágrimas. Unas lágrimas que hoy llevan consigo la tristeza del adiós, para mañana teñir su cauce de azulgrana con el recuerdo de una historia de amor irrepetible.
«A ver, ¿por dónde empiezo…?» Así comenzaba la carta de despedida de una Alexia Putellas que representó a la perfección la incapacidad de toda una afición para escoger un único punto de partida para recordar su trayectoria en el Barça. 14 temporadas llenas de recuerdos, entre momentos imborrables y otros que el tiempo se encargará de borrar. Aun así, cada cicatriz cuenta una historia. Y el cuento que hoy todos queremos que nos cuenten antes de ir a dormir esconde mil y una heridas. De muchas pudimos ser testigos pero, de muchas otras, solo lo fue el silencio.
«El Barça es lo mejor que me ha pasado en la vida». Desde la primera foto en el Gol Nord del viejo Camp Nou hasta la última reverencia en el nuevo palacio azulgrana. Culé desde la cuna y hasta la tumba. Todo para honrar la memoria de su padre y defender unos colores. Unos colores que recuperaron su brillo durante una época muy oscura, gracias a su emblemática figura. Un legado inmortal que va más allá de un club y de un deporte, convirtiéndola en la gran abanderada de todo un movimiento. 508 partidos, 234 goles, 38 títulos y dos Balones de Oro. Números de leyenda para la eterna capitana que, tras entregarse en cuerpo y alma durante una década y media al club de su vida, confiesa que «vaciarse ha sido todo un privilegio».
«Mi historia siempre será con el Barça. Es lo mejor que me ha pasado en la vida». ¿Os acordáis del destino? ¿Aquello que no se podía explicar con palabras y que aún así estuvo presente en Oslo? Bien, pues el destino ha estado presente durante toda la temporada para Alexia. De hecho, el destino siempre ha estado presente durante el camino de La Reina. Y solo él sabe dónde empieza y dónde se termina la aventura. Porque, por más que Benito dijese que “mientras una viva, una siempre debe amar lo más que pueda”, en la vida, una siempre debe saber también cuándo dejar ir. Y Alexia se va con el corazón lleno, pero con la conciencia vacía. «Nuestra generación ha movido el mundo, pero ellas se lo comerán.» ‘La Reina’ abdica su trono después de cumplir con su deber y da un paso al lado para dejar que la nueva era tome las riendas del reino. «Y lo que no hice en vida, lo hacéis en mi muerte. Prométeme que me protegerás a mí y a mi nombre en mi ausencia». Las magnolias marcan el camino de las futuras reinas: Clàudia Pina, Vicky López, Kika Nazareth, Clara Serrajordi… «La presión y esta camiseta son un privilegio». Aunque las magnolias marquen el camino, no quiere decir que éste sea un camino de rosas.
Y es que Alexia ha aprendido a convivir con el dolor durante toda su vida. De hecho, ha conseguido convertir el dolor en algo dulce. «Algún que otro navajazo me he llevado de la vida. Ella a mí me desalmó y yo le estoy agradecida». La pérdida de su padre antes de debutar con el primer equipo y una promesa incumplida que marcó el inicio de una carrera legendaria. Porque de las ruinas de la derrota, Alexia consiguió construir un imperio. De volver al club de su vida a convertirse en capitana. De salir desde el banquillo a superar los 500 partidos con el Barça. De jugar en un Miniestadi prácticamente vacío a llenar el Camp Nou hasta perder la cuenta. De celebrar ante poco más de mil personas a hacer reverencias ante casi más de 100.000 aficionadas. De ser una promesa a ser una realidad con dos Balones de Oro bajo el brazo. Del mítico «No hi ha distància» a marcar la distancia con el resto de equipos de Europa. Del infierno de Budapest, Turín y Lisboa al cielo de Göteborg, Eindhoven, Bilbao y Oslo. Y del día del debut, al día de la despedida.


«Yo que vengo de las estrellas, hoy me convierto en polvo». Sin duda, el verso más doloroso del réquiem de Rosalía, pero nada más alejado de la realidad. La figura de Alexia desaparecerá, pero su recuerdo no se desvanecerá. Su presencia será un espejismo, pero su aura se mantendrá intacta. Como la estela luminosa de polvo que ilumina el firmamento, tras el paso de una estrella fugaz. Y es que, incluso en los días más oscuros, el fuego de su recuerdo seguirá iluminando al barcelonismo. Porque las heroínas van y vienen, pero las leyendas no se van nunca. Fuimos afortunados de poder arrodillarnos ante su última reverencia, de poder sentir su último beso al escudo pero, sobre todo, de poder asistir a su último baile. Un baile inolvidable que termina a medianoche con un nuevo amanecer. Y en el funeral de Alexia, tirarán magnolias azules y granates. Porque Alexia siempre será el Barça y el Barça siempre será Alexia. Un binómio indivisible. Una historia perfecta.
