2019, 2021, 2022, 2023, 2024, 2025 y 2026. Siete temporadas alcanzando una final de Champions, seis de manera consecutiva. Único equipo en la historia de la competición capaz de conseguirlo. Se dice pronto. Como reservar hotel y vuelos con un año de antelación dando por hecho que el Barça estará en la final. O como estampar camisetas azulgranas con el nombre de la ciudad de la final y el número de títulos europeos sin siquiera haber jugado. Se dice pronto y se dice fácil.
«Son muchos años llegando de manera consecutiva a una final y no debemos normalizarlo». Una consigna que perdura en el tiempo. Solo jugadoras, entrenadores y directivos son verdaderamente conscientes del trabajo que hay detrás. Porque solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos de los demás. La diferencia entre ver y entender. ‘Ver’ es exigir un póker de títulos cada temporada, con goleadas escandalosas en cada partido. ‘Entender’ es asumir que, cada año que avanza, los rivales se refuerzan y los niveles se alcanzan. Todas juegan para ganar. Pero no se trata de llegar. La cuestión es mantenerse. Este equipo ha excedido los límites de la excelencia. Su insaciabilidad competitiva ha malacostumbrado a toda una masa social que siempre tendrá hambre, aunque el plato esté lleno.

Siempre habrá un plato de comida la mesa. Más aún si es el Día de la Madre. Un Spotify Camp Nou a rebosar hizo las delicias de una tarde para el recuerdo. El escenario, la asistencia, el resultado, la emoción de Alexia Putellas, las lágrimas de Ewa Pajor, el regreso de Aitana Bonmatí… Momentos que demuestran que nada de esto fue regalado. Momentos que demuestran que ‘Marquem el nostre camí’, ‘Movem el món’, ‘Definim el demà’ o ‘Esrcrivim la història’ son mucho más que mero marketing. Momentos que demuestran que por eso algunas son jugadoras, algunos son entrenadores y otros son otras cosas. La respuesta de Pere Romeu a sus detractores en rueda de prensa fue simplemente sublime. Un baño de humildad. Una ostia de realidad sin precedentes. El técnico azulgrana, siempre ajeno a las críticas, decidió responder de la manera más inesperada e impecable posible. A veces se mueve en silencio, otras en bajo perfil. Pero Pere Romeu está casado con el juego y se ha ganado el respeto con sangre y fe.
Y aunque a veces pueda parecer que la vida está guionizada, en la final espera un viejo conocido y varios rostros familiares. Dicen que la vida da muchas vueltas, y que las vueltas dan mucha vida. Pues el Olympique Lyonnes de Michelle Kang, Wendie Renard y Ada Hegerberg es ahora también el Olympique Lyonnes de Markel Zubizarreta, Jonatan Giráldez e Ingrid Engen, Un histórico de Europa. Las reinas de la competición. El ‘coco’ del Barça durante muchas noches de insomnio en el mes de mayo. Un monstruo que las azulgranas consiguieron desmitificar hace dos años en aquella tarde mágica en Bilbao. Un equipo que, para seguir dándo con la fórmula del éxito, ha recurrido a tratar de debilitar a su némesis. Desde el césped, hasta los despachos, pasando por un banquillo en el que, sin duda, la historia habla por si sola. Jonatan Giráldez, considerado por muchos cómo el mejor entrenador de la historia de la sección, se fue para encontrar nuevos retos en Estados Unidos que aludieran un posible reencuentro con el club de su vida. Pere Romeu, su ayudante por aquel entonces, asumió la responsabilidad del banquillo blaugrana. Un año más tarde, volvió a Europa para unirse al mayor enemigo del continente y, casi doce meses después, alumno y maestro se verán las caras en la final.

Los dos mejores equipos de la competición de acuerdo con el historial, pero también esta temporada. Primero y segundo en la fase inicial. Dos derrotas separan el récord de estos dos colosos del fútbol femenino. Pero el único equipo que aún no sabe lo que es perder este año en Europa es el Barça. Quizás el final del partido de anoche pudo ayudar a muchos a poner en perspectiva el valor que tiene todo esto. Porque hacer una Champions perfecta de principio a fin no es nada fácil. Porque marcar 37 goles en 10 partidos es muy difícil. Porque encadenar dos resultados históricos ante el eterno rival en unos cuartos de final con la vuelta en un Spotify Camp Nou de récord tiene un valor incalculable. Y volvemos al principio. Porque llegar a la sexta final de Champions consecutiva, la séptima de la historia del club, tiene un mérito imposible de dimensionar. Y no. No Oslo han regalado. Oslo merecéis.
