Podía parecer un partido fácil, pero no lo era. Más bien, este partido era una prueba de fuego para ver si el equipo realmente iba a por todas en la competición y, aunque la falta de puntería sigue estando ahí, los de Koeman han dejado evidencia de suficientes argumentos futbolísticos como para estar merecidamente en la siguiente ronda de la Copa del Rey.

Con casi todos los titulares y Messi en el campo, durante el primer tiempo, el Barcelona fue incapaz de superar al Rayo Vallecano. El peligro de los de Iraola solo llegó a balón parado, precisamente donde más está sufriendo el Barça desde hace tiempo. Lo más sorprendente fue la salida del Barça de la presión rival en su propia área: balonazo arriba. Salvo en escasas ocasiones en las que Riqui Puig y De Jong conectaron con Busquets para triangular por dentro, el Barcelona no consiguió darle fluidez a su juego. Con Riqui Puig en el centro, la calidad del juego del Barça mejora con creces. Eso sí, ocasiones para ponerse por delante tuvieron de sobra con dos polémicos penaltis y dos balones al larguero incluidos.

De Jong siendo el mejor del partido. Fuente: Getty Images

El jugador más desaparecido, una vez más, fue Griezmann que no aportó nada en ataque, aunque al mismo nivel, o incluso peor, ha sido la versión de Junior Firpo: el lateral sigue evidenciando sus carencias y deja claro en el campo que no es jugador para el Barcelona, pero lo más preocupante ha sido su actitud. La labor de Griezmann, partiendo de extremo interior, era buscar la espalda de la defensa e incluso tuvo una ocasión para un mano a mano, pero el control le chafó la ocasión. La actuación más sorprendente la firmó Trincao, protagonista de los dos penaltis no pitados, el portugués se muestra cada vez más atrevido y aportó amplitud, desequilibrio y verticalidad: un desparpajo no visto hasta ahora que pudo bordar si llega a anotar gol en el mano a mano que se jugó a pesar de tener a Messi a su lado solo para rematar. Valentía y talento de los jóvenes es lo que se puede sacar de la primera parte del partido que, de haber estado algo más acertado el Barça, podría haber estado resuelto. La actuación ascendente de De Jong y la versión “Pulpo” de Busquets, que hace tiempo que no se veía, pasaron desapercibidas durante el primer tiempo, pero son una gran parte de la clave del juego culé.

Trincao lamentando una ocasión de gol. Fuente: Getty Images

La segunda parte no fue muy diferente de la primera en cuanto a dominio futbolístico, pero tomó un rumbo inesperado: a la hora de partido, el Rayo se adelantó en el marcador tras una buena jugada de Álvaro por la derecha que, primero Junior, y, luego Lenglet, la amoldaron para el gol de Fran García. Koeman reaccionó rápido: Pedri, Jordi Alba y Dembélé al rescate. Fue una pena la marcha de Trincao, pero los tres incorporados hicieron olvidar el buen papel que el portugués había firmado. El partido abierto, el Rayo, tras un enorme trabajo físico, muy cansado y los tres cambios del Barça de pura verticalidad. El encuentro pedía a gritos la velocidad de Jordi y Dembélé.

Al francés no se le vio especialmente, pero el lateral ha sido clave en la remontada culé. Aunque, el gran protagonista de la remontada ha sido Frenkie de Jong. El holandés asistió a Griezmann en profundidad para que este asistiera a Leo que anotó a puerta vacía. Minutos más tarde, la conexión Messi-Alba volvía a brillar. Leo sintió la entrada de Jordi por la banda y le puso un balón delicioso para que el lateral dejara en botas de De Jong la remontada: séptimo gol del holandés que ya firma su temporada más goleadora. Pedri aportó su magia de siempre al partido y dejó en las botas de Leo la ocasión para rematar el partido, pero el argentino se excedió regateando y la mandó fuera. Tras tener el dominio del partido y ocasiones de sobra para ganarlo, el Barcelona acabó sufriendo en los últimos minutos por las faltas laterales concedidas innecesariamente.