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El Barça vuela en Anoeta con una exhibición total

De todos los partidos complicados restantes en el calendario, el Barcelona tenía bien marcado el de hoy: fuera de casa, ante una Real Sociedad en puestos europeos que siempre da gusto verles jugar y en el campo maldito, Anoeta. Pero, el Barcelona ya demostró en París que está en el mejor momento de la temporada, que creen en el proyecto, que son una piña y que tienen un entrenador al que han dejado trabajar y él ha respondido dando en la tecla de manera valiente apostando por el sistema de tres centrales al más puro estilo Cruyff para sacar lo mejor de cada jugador. Este Barça vuelve a desprender alegría en cualquier campo y la afición sonríe desde casa.

El equipo haciendo piña tras la exhibición. Fuente: Getty Images

Desde la pizarra, el partido ya prometía de inicio y ambos equipos usaron la primera media hora para evidenciar que no estaban por la labor de facilitar el partido al rival. La Real Sociedad sorprendió con un 5-4-1 incrustando a Zubimendi entre los centrales para intentar crear superioridad en los duelos con Dembélé y tener un hombre más en la salida de balón. Cada presión en área rival era un partida de ajedrez en la que el Barça encontraba solución a cualquier apertura. Los dos trataban de darle la pausa medida al partido para que lo más peligroso ocurriera en el área rival. El Barça, incapaz de encontrar dónde hincarle el diente a la Real entre líneas, apostó por las carreras al espacio de Dembélé. La primera media hora fue una auténtica maravilla táctica digna de elogiar por el trabajo posicional de los jugadores y el trabajo de los entrenadores. Pero, de cara a gol, el partido estaba atascado. Isak, por parte de la Real, tuvo la más clara tras un fallo cerca del área de De Jong que, de no ser por Ter Stegen, pudo ser el primero para la Real.

El Barça no acomodó su juego a la propuesta del rival, sino que potenció la zona de influencia del Rey que, una vez más, encontró a su fiel amigo en la banda para que Jordi pusiera un pase medido a Dembélé quien falló delante de Remiro, pero ahí apareció el Principito al rescate para abrir el marcador antes del minuto cuarenta. Los de Koeman se quitaron un peso de encima y empezaron a mover el balón a mayor velocidad. De Jong superaba toda presión con un par de potentes toques hacia delante y Dest, en su mejor versión hasta ahora, era un constante peligro por la derecha. Cinco minutos después, Messi decidió encarrilar el partido atrayendo a tres rivales al borde del área para filtrar un pase hacia Dest que, con mucha tranquilidad, mandó el balón al fondo de la red para anotar su primer gol con el Barça en Liga.

Dest anotando su primer gol en Liga. Fuente: Getty Images

Tras el descanso, la Real parecía un poco tocada anímicamente, lo normal después de encajar dos goles, uno de ellos al borde del descanso, a pesar de haber firmado una gran primera parte. A diferencia de otros años en los que el Barça hubiera optado por bajar el ritmo del partido y defender el resultado, los de Koeman salieron con ganas de más. Jordi Alba no tardó ni diez minutos en marcarse un jugadón por la banda que, llegando desde el otro flanco, aprovechó de nuevo Dest para anotar su primer doblete con la camiseta del Barça. Un tal Sergio Busquets, al que muchos querían jubilar antes de tiempo y que ya había lucido en la primera parte en cada acción de presión y salida de balón, decidió manejar el partido a su antojo y sacó la varita a pasear. Tres minutos después, aprovechó un gran desmarque de Messi entre los centrales de la Real para picar un balón que le cayó al diez como un regalo del cielo para anotar con la clase que solo el mejor de la historia tiene.

Anoeta se volvía blaugrana muchos años después, el Barça empezó a gustarse y la Real, a pesar de verse superada en cada zona del campo, no dejó de pelear. Pocos minutos después, Dembélé hizo el quinto para sumar la manita, pero el Var, inexplicablemente con las imágenes en la mano, decidió anularlo por fuera de juego. El Mosquito no quería irse de Anoeta sin dejar su picotazo en el marcador y, a falta de veinte minutos para el final, se fabricó una jugada en solitario a lo Juan Palomo para, ahora sí, sacar la manita a revolotear. Una exhibición blaugrana que iba a tener un añadido negativo y la culminación mágica. Siete minutos después, Barrenetxea se fabricó una jugada antológica combinando a base de paredes para mandar un seco zapatazo a la escuadra: merecido tras el buen partido de la Real.